ANTE LA CORRUPCIÓN Y LOS DELITOS SOCIALES
DECLAREMOS ILEGAL LA POBREZA
Considerando
que hoy el Planeta es una sola Patria y la Humanidad un solo Pueblo nos
preocupa la indiferencia ante otros atropellos que no constituyen noticia en la
televisión ni tienen relato en los periódicos, ni condena de los gobiernos. Se
trata de las víctimas de las guerras, los inmigrantes, las comunidades
condenadas a ser “zonas de sacrificio” ambiental, los empobrecidos.
De la misma
forma los recientes casos de corrupción en distintas esferas directivas, las
revelaciones sobre la colusión entre grandes grupos empresariales, las
denuncias sobre prácticas de cohecho en el parlamento y de soborno de altas
autoridades no parecen despertar una reacción contundente en la ciudadanía.
Constatamos más bien cierta indiferencia pusilánime,
una resignación despreocupada, que no
asume la gravedad de los hechos y sus tremendas consecuencias para la vida de
los más pobres.
Ante esta
desidia deliberadamente instalada hacemos un llamado a reflexionar y a actuar:
1.
Denunciamos
que los casos de corrupción que se han instalado en nuestro país no constituyen
situaciones excepcionales y aisladas. Se trata de prácticas sistemáticas,
planificadas y metódicas, que han exigido preparación, cálculo e
intencionalidad.
2.
De
allí que no se les pueda tratar como errores aislados o confusiones episódicas.
Estamos ante delitos sociales de enorme gravedad, y ante una transgresión moral
que rompe las confianzas básicas que permiten la convivencia y la
responsabilidad compartida.
3.
Estos
hechos constituyen atentados contra la vida y la dignidad de las personas, cuyo
origen remite a las estrechas perspectivas éticas del neoliberalismo. Este
enfoque de la economía niega que los bienes producidos socialmente constituyen
bienes sociales y por eso deben ser distribuidos socialmente con justicia. Al
mismo tiempo olvida que la riqueza material no puede primar como criterio
distributivo en otras esferas de la realidad. Recordando Populorum Progressio
nº 22 afirmamos que todo lo que una persona tiene de más, una vez ha cubierto
suficiente y dignamente sus necesidades, deja de pertenecerle y pasa a ser de
quienes lo necesitan. La propiedad privada no es un derecho absoluto sino un
derecho secundario que sólo vale en la medida en que sirva para realizar el “destino
común de los bienes de la tierra” que es el verdadero derecho primario.
4.
Nadie
debería considerar que con su dinero puede comprar el reconocimiento y los
honores públicos, y que sus riquezas le exculpan de sus irresponsabilidades. Al
contrario, quienes detentan mayor poder y riqueza deben asumir mayores
exigencias de parte de la sociedad, ya que el robo a los pobres (provocado por
la corrupción) debe ser considerado como una transgresión al mandamiento del
“NO MATARÁS”, tal como lo ha denunciado el Papa Francisco (Laudato Sí 95).
5.
La
persistencia de estos criterios “producen” pobreza y exclusión, lo que
condiciona la autoestima de los pobres. Ha llegado el momento de universalizar
la ciudadanía social declarando la “ilegalidad de la pobreza” basándonos en un compromiso de carácter ético
que debe ser reconocido como un mínimo de justicia, exigible y constatable, que
oriente las políticas públicas en todos
sus niveles, ya que hay pobres porque hay ricos.
6.
Declarar
ilegal la pobreza no es sólo garantizar una base adquisitiva para cada una de
las personas. Es sobre todo protegerlas frente a las contingencias del mercado,
de la corrupción institucionalizada, de los abusos del poder político, de la
arbitrariedad del dinero, que se intenta imponer como criterio por sobre todo
criterio, creyendo que todo tiene un precio y que todo se puede comprar.
Declarar ilegal la pobreza es reconocer la dignidad de cada persona, que está
fuera de toda medida y escapa a toda transacción.
Por un Chile sin corrupción y que responda ante los delitos
sociales:
¡DECLAREMOS ILEGAL LA POBREZA!
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